Propuestas para salvar el Bachillerato de la LOE

Julián Martín Martínez.- Presidente de ANCABA

Asociación Nacional de Catedráticos de Instituto

En este artículo el autor propone las siguientes medidas para salvar el Bachillerato:

  1. Programas de Cualificación Profesional Inicial (PCPI) a partir de los 14 años.
  2. Un cuarto de la ESO con auténticas especializaciones y en grupos homogéneos.
  3. Una Prueba de acceso al Bachillerato que motivaría al alumno a trabajar más en la ESO.
  4. Un Bachillerato de tres años.

TEXTO PUBLICADO EN ESCUELA ESPAÑOLA,FORO, EL 9 de febrero de 2006

La perspectiva de la Asociación de Catedráticos es la experiencia. Sabemos algo, tenemos cierta sabiduría adquirida en el contacto con el alumno y con la historia vital de los centros de enseñanza. Como profesionales de la enseñanza en el aula hemos saboreado algunos éxitos y bastantes fracasos. Nuestra aportación para salvar el Bachillerato está apoyada en la clase diaria, día a día. Es, por tanto, una experiencia gustosa, saboreada, frente a técnicos y a técnicas. Hacemos un análisis de nuestra actividad para ver si es concretado en alguna enmienda parlamentaria en el Senado y en su vuelta al Congreso y con el ánimo de mejorar la realidad cruda y dura frente a teóricos, teoréticos y a teorías diletantes.

El Bachillerato de dos años

Vamos a centrarnos en el Bachillerato, en la etapa voluntaria. Haremos una descripción comparada del pasado con el presente y una prospección de futuro. Las comparaciones son odiosas, pero hay realidades sangrantes que requieren una comparación para, como estímulo, intentar salir del atolladero.

El BUP conllevaba un intercambio entre la Universidad y la Enseñanza Media: ofertas y demandas mutuas. Intentaban desde ambos lados profundizar en los contenidos para superarse. Estas relaciones pretendían mejorar la complementariedad de las asignaturas mediante la coordinación interdisciplinar de las áreas de conocimiento. Conseguían con esta visión panorámica que el alumno eligiera mejor su futura carrera y estuviera más seguro de sí mismo. Las metodologías y actividades de aprendizaje y la comunicación de experiencias quedaron recogidas desde el curso82-83 hasta el 89-90 en su correspondiente libro en alguna Comunidad como Extremadura.

El Bachillerato LOGSE no ha tenido esa suerte. Desde que se implantó podemos hablar de vidas paralelas entre el Bachillerato y la Universidad: No hay trabajo conjunto. Basta con puntualizar en una reunión el temario para la Selectividad y con proponer que las preguntas sean inteligibles para los alumnos.

Hay que dar la bienvenida al aumento de alumnos (aunque sea escaso) que cursan Bachillerato desde la implantación de la LOGSE ( sólo obtienen el título un 4% más).Pero es una pena que no se mantuviera la calidad anterior. En este caso no se ajustan equidad y calidad.

Los alumnos llegan sin preparación. Los enviamos así nosotros, los profesores. Incluso aquellos alumnos a los que se les otorga el título de graduado porque ya no se puede sacar fruto de ellos y para que no interrumpan más la tarea de la ESO acaban matriculándose en Bachillerato.

Es bien cierto que esta decadencia y relajación se inició ya en la Enseñanza General Básica en la década de los ochenta por la difusión de determinados principios pedagógicos ("preparamos para la vida", "la socialización exige más calle", "más juegos en la calle y menos "deberes" en casa"), pero se agigantó con la implantación de la ESO... y repercute en el Bachillerato.

El Bachillerato de 2 años vale para rescatar al alumno, más que para prepararlo adecuadamente y para trabajar con él. Intentamos que consiga un bagaje mínimo (incluso básico) de conocimientos. Pero no se puede abarcar en ese periodo de tiempo la materia correspondiente. El 2º curso se emplea para preparar –lo justito- para la Selectividad. (Sería como el Bachillerato elemental de otros tiempos).

Salpimentemos la cosa con unas anotaciones.

Primera. Podemos señalar que 2º de Bachillerato, hoy día, en la asignatura de Lengua, por ejemplo, tiene los contenidos de 1º de BUP (lengua y gramática) y de 2º de BUP (literatura): basta cotejar los repertorios de los contenidos y de exámenes.

Segunda. Los alumnos acaban pasando o promocionando casi como en la ESO.

Tercera. Una pregunta: ¿Por qué la calidad de uno de los mejores bachilleratos europeos, como era el nuestro, ha caído en picado?

Siendo así como es de triste la situación, todos tendríamos que luchar por un Bachillerato humanístico: Ciencias y Letras reforzadas (asignaturas troncales y de modalidad). ¿Cómo se podía querer dejar fuera la filosofía? Busquemos un bachillerato que tenga entidad en sí mismo y que valga como período propedéutico a la Universidad o a la Formación Profesional de Grado Superior.

Propuestas

1.- Ante esta realidad: ¿por qué no se ha previsto en la LOCE un Bachillerato de tres años para que, tras recuperar al alumno, tenga una calidad razonable y sea realmente propedéutico para la Universidad? No quiso la LOCE quebrar la estructura organizativa del sistema añadiendo un año de Bachillerato (y eso que era imprescindible). Por este motivo, creó los ITINERARIOS y dispuso que 4º de la ESO (y en parte 3º) fuera con una visión realista un curso preparatorio para la vida laboral (PIP) y para el Bachillerato. Pero la LOE y sus autores, con atributos para hacer y deshacer en educación, podían haber roto ahora "su" estructura, la que montaron con la LOGSE, para ofrecer a España un bachillerato digno.

No lo han hecho así pero podían remediarlo y remendarlo con otros medios. ¿Por qué el Ministerio y los señores Diputados no perfilan todavía un cuarto de la ESO con auténticas especializaciones (especializaciones sin caretas y sin eufemismos)? ¿Va a organizarse la "diversificación" por grupos homogéneos? ¿Lo que se llama "agrupaciones" van ser homogéneas? Si lo hicieran así el profesorado pensaría que actuaban con pragmatismo (estilo Tony Blair) y con seny (con perdón).

En esta línea es una pena, por la falta de realismo que denota, que los Programas de Cualificación Profesional Inicial (PCPI) sean para mayores de 16 años (cuando a los 14 años hay adolescentes cansados y adolescentes objetores que acaban quemándose totalmente entre los 14 y los 15 años. Con ello se crea la "bolsa de desencanto" en los centros, los alumnos son los sufrientes y perdedores y los profesores los frustrados).

2.- ¿Por qué no se establece una Prueba de acceso al Bachillerato que motivaría y estimularía al alumno a trabajar más en la ESO y a prepararse más concienzudamente en vez de contentarse con unos niveles ramplones?

3.- No conviene en estos momentos aumentar el número de las asignaturas (solas o camufladas) porque sería perjudicial y conllevaría más desequilibrios en este Bachillerato constreñido.

El acceso a la Universidad en la actualidad

Las PAU como objetivo, meta y prueba selectiva tienen el poder de remover la conciencia del alumno, de motivarle y ayudarle a comprender que el dominio de los conocimientos va en serio. El examen, pues, tiene una influencia beneficiosa en el aprendizaje y en la enseñanza. Mira por dónde. Este es el aspecto positivo de la prueba y casi redentor del sistema, a pesar de lo que decimos a continuación.

Las pruebas actuales, sin embargo, no aguantan un análisis comparativo con las de los últimos 15 años en cuanto a los contenidos y su altura. Basta repasar los "Repertorios" de exámenes para comprobar la decadencia de los contenidos. Habría, por tanto, que revisar los niveles, aunque éstos ciertamente varían algo de unas Universidades a otras.

Está clara la responsabilidad de la Universidad en esta decadencia de la prueba, en la bajada de los niveles y de la exigencia:

1.- Es la Universidad la que propone los exámenes y propicia esta falta de rigor académico.

2.- Son los mismos profesores universitarios los que confiesan que necesitan alumnos para mantener sus puestos de trabajo.

Además, las propias Facultades realizan un reconocimiento explícito del bajón y de la pérdida de rigor académico, cuando dedican unos meses, o el primer trimestre, del curso académico a que los alumnos alcancen el nivel requerido para el punto de partida en su especialidad. Si la Universidad exigiera más, o mantuviera el rigor académico que se le supone, provocaría una reacción de superación en esos escasos dos cursos de Bachillerato.

El Consejo de Universidades no se atreve a reconocer esta realidad, ni a señalar o advertir del fracaso (al menos relativo) de la enseñanza en las etapas anteriores, ni a pronunciarse pidiendo calidad cuando se redacta y tramita la LOE. Las tesis doctorales ilegibles por incoherencias sintácticas y semánticas tienen su origen en la enseñanza Primaria, en la Media y en el Bachillerato. Pero los Rectores no hablan.

Finalmente, el desperdicio de la prueba general de Bachillerato, la llamada reválida, prueba homologadora, aleja a la LOE de la convergencia con los países europeos. El Estado español no realiza ninguna prueba de control para conocer el grado de preparación de sus ciudadanos.

A veces dudan los profesores si hay intelectuales en España y, si existen, se pregunta por qué está enmudecidos. Tampoco gritan en las Facultades universitarias, y las llamadas Facultades de Educación no ponen el grito en el cielo o porque tienen mucho que callar o porque tienen ya poco que decir. Para colmo los profesores de la llama Secundaria somos como la voz que clama en el desierto.