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LAS PRUEBAS EXTERNAS DE NIVEL EN LA SECUNDARIA. UNA NECESIDAD URGENTE EN NUESTRO SISTEMA EDUCATIVO

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Una vez que en nuestro sistema educativo se ha alcanzado la enseñanza obligatoria hasta los 16 años, el siguiente objetivo ha de ser la mejora de la calidad. Para ello además de mejorarse la estructura del sistema educativo mediante los itinerarios en el segundo ciclo de la ESO y la supresión de la promoción automática, es imprescindible el establecimiento de unos controles al final de cada etapa educativa, realizados por la Administración, que permitan conocer anualmente la situación de nuestro sistema educativo. De nada sirve hacer una gran ley si no se establecen los mecanismos necesarios para controlar su cumplimiento, sino se concreta la forma de sancionar su incumplimiento, y si dicha ley no está acompañada de los recursos necesarios para desarrollarla.

ÍNDICE

  1. La necesidad de establecer pruebas externas de nivel
  2. Los exámenes como catalizadores del aprendizaje
  3. Los responsables de realizar las Pruebas Externas
  4. Tipos de Pruebas Externas
  5. El acceso de los alumnos de Primaria a la ESO
  6. Criterios de promoción de curso en la ESO y características de las Pruebas de Acceso al Bachillerato y a la FP ( PABYFP
  7. CONCLUSIONES

1. La necesidad de establecer pruebas externas de nivel

El Estado no puede renunciar a controlar la calidad de la enseñanza. En todos los campos de la actividad social, la primera responsabilidad de la Administración es velar para evitar el engaño y el fraude. La Administración no está obligada a ejercer directamente la medicina, la enseñanza o la actividad industrial, ya que estas actividades pueden desempeñarlas los ciudadanos, pero sí está obligada a velar para que no se cometan fraudes y para que ningún ciudadano se quede sin sanidad o sin enseñanza por falta de recursos.

En temas de alimentación, sanidad, industria, ganadería, pesca, banca, etc., la Administración actúa mediante sus inspectores velando para evitar el fraude. No se entendería qué en los temas de educación la Administración pretendiera inhibirse de su primera obligación, aquella a la que no puede ni debe renunciar para poder proteger a todos los ciudadanos.

La Administración ha de vigilar que las calificaciones que dan los centros se corresponden con los conocimientos de los alumnos. La Administración ha de velar para que no se engañe a las familias diciéndoles que sus hijos están adquiriendo una gran formación cuando en realidad están dilapidando su tal vez única oportunidad de preparación. La única forma de controlarlo es realizando, la propia Administración, exámenes a los alumnos al final de cada etapa educativa (Primaria, ESO y Bachillerato), lo que en este escrito se denomina Pruebas Externas de Nivel (PEN) y que correspondería a los llamados Exámenes de Estado de los otros países europeos..

La primera ventaja que aportarían estos controles sería su efecto disuasorio, es decir que ningún centro optaría por regalar las notas (actualmente puede estar pasando tanto en la pública como en la privada), aparentando un falso éxito educativo para así conseguir más alumnos. De todas formas el gran beneficio que se conseguiría con estos controles no es el de prevenir el fraude, sino un gran aumento de calidad en nuestro sistema educativo ya que producirían las siguientes mejoras:

a) Debido a la exigencia que implica tener que superar una prueba externa para poder seguir los estudios, los alumnos se verían mucho más motivados a estudiar.

b) Al volver a ser importante la preparación de los alumnos, sus profesores recuperarían la ilusión en su función docente y, debido a ello, su prestigio social.

c) Se aseguraría un buen nivel inicial en todos los alumnos que acceden a la siguiente etapa educativa

d) Se favorecería el cumplimiento del Decreto de Mínimos de la ESO y del Bachillerato, en todas las Comunidades Autónomas.

e) Se igualarían los contenidos y los niveles en todos los centros públicos y privados del país, con lo que sería posible el cambio de centro incluso entre diferentes Comunidades Autónomas.

f) Se acabaría con la falta de profesionalidad de algunos docentes. En la actualidad, al no haber ninguna prueba externa al final de la ESO, puede haber profesores que exijan menos de lo debido para aprobar y que sólo imparten una parte de los temas básicos imprescindibles. También puede haber profesores que llenen el tiempo con actividades semilúdicas, de escaso valor formativo, simplemente porque implican menos esfuerzo para el profesor y para el alumno. Se trataría de un engaño a los alumnos y a sus familias.

g) Existiría un control objetivo y continuo por parte del Estado de la calidad de todos los centros, no siendo necesaria una alta frecuencia de evaluaciones de centro. No hay mejor evaluación de centro que observar el resultado continuado de sus alumnos. Actualmente sólo existe un control así en el caso de los alumnos que realizan las pruebas de acceso a la Universidad.

2. Los exámenes como catalizadores del aprendizaje

Los controles a los alumnos, es decir los exámenes, son imprescindibles para conseguir que el sistema educativo sea eficiente. Una prueba tangible de ello lo tenemos en el comportamiento general de los alumnos ante los exámenes. ¿Por qué los alumnos de segundo de Bachillerato de nuestro país estudian tanto? La respuesta es muy sencilla, porque luego han de realizar las PAU y si no obtienen una determinada nota no podrán estudiar lo que desean. ¿Por qué los alumnos de la ESO estudian tan poco? La respuesta también es muy sencilla, porque como obtengan la nota que obtengan, hasta ahora, han podido pasar de curso ¿para qué han de ponerse a estudiar? De estas dos preguntas y respuestas, se puede deducir fácilmente lo que se debe incluir en nuestro sistema educativo. Si se quiere que los alumnos estudien más y, por lo tanto, aprendan más, simplemente hay que marcar unos mínimos y establecer que sea la Administración la responsable de evaluar a los alumnos al final de cada etapa educativa. Curiosamente a pesar de que esos mínimos sean muy bajos, como sucede en la PAU, que son aprobadas por el 90% del alumnado, su efecto motivador es altísimo.

Todos los profesores sabemos de sobra que, a partir de una cierta edad, los alumnos de Secundaria no aprenden más en función directa del número de horas de clase que reciben de una materia, sino en función de sí hay o no un examen al final. Si el alumno sabe que la nota se deriva básicamente de la simple asistencia, en general no se esfuerza y el resultado es que apenas aprende nada por muchas horas de clase que reciba. En cambio, basta que se fije un calendario de exámenes y que se establezca que si no se aprueban la mayoría de las materias no se puede pasar de curso, para que el alumno empiece a tener interés por estudiar aquella materia, la estudie y, por lo tanto, la aprenda. Sin exámenes no puede funcionar ningún sistema educativo. Sin exámenes puede funcionar un club, una asociación de aficionados, un centro recreativo, pero nunca un colegio o un instituto. Esto explica por qué muchos de nuestros centros por dentro parecen clubes recreativos y por fuera, para evitar que los alumnos se vayan, parecen pequeñas cárceles. Al obligar a estudiar a todos los alumnos lo mismo hasta los 16 años, hemos pasado de que antes, alguna vez, alguien se saltaba una clase, a que ahora es normal que bastantes alumnos falten con frecuencia a muchas clases.

En resumen, como el objetivo de la enseñanza es que el alumno aprenda, los exámenes son imprescindibles. No puede haber un sistema educativo de calidad sin controles periódicos a los alumnos. Asumido que los exámenes son imprescindibles, para asegurar un aumento de la calidad y el mantenimiento de ese aumento a lo largo del tiempo, a la Ley de la Calidad hay que añadirle las Pruebas Externas de Nivel (PEN).

3. Los responsables de realizar las Pruebas Externas

En una situación en que en algunas Comunidades Autónomas los Consejeros de Educación han apostado por la comprensividad, como si fuera el único sistema educativo correcto, y que se sienten ofendidos personalmente cuando los análisis de calidad detectan que los alumnos de dicha Comunidad están en la cola en muchas materias, no se puede confiar en su objetividad para valorar con objetividad el grado de conocimientos de su alumnado. El Ministerio en una primera instancia y la Comisión de Educación de la Unión Europea en una segunda instancia no puede hacer dejación de sus funciones y debe controlar el proceso educativo en todas las regiones europeas.

En consecuencia está claro que las Pruebas Externas las deberían realizar las Consejerías de Educación en cooperación con las respectivas Altas Inspecciones. Éstas deberían responsabilizarse de que en las pruebas no se excluyera ninguno de los contenidos fijados los dos Reales Decretos de contenidos mínimos (RD 3473/2000 y RD 3474/2000). De no hacerlo así no habría seguridad del cumplimiento de los dos Reales Decretos de Mínimos y de la igualdad en los niveles de exigencia. Si esto no se hace dentro de unos pocos años en lugar de un sistema educativo habrá diecisiete y todos ellos sin calidad.

El establecimiento de estas pruebas no ha de ser considerado como una medida excepcional, sino todo lo contrario, como una necesidad propia de todo sistema educativo. Una necesidad que justamente ahora se revela como urgente, debido al desconcierto que, en poquísimos años, ha provocado el nuevo sistema educativo, al devaluar la importancia de las calificaciones. En la mayoría de los países europeos se realizan pruebas externas (ver el cuadro adjunto). De los diez países más importantes de Europa, solo en España y Francia no existen exámenes de Estado para aprobar la Enseñanza Secundaria. En muchos de estos países los exámenes incluyen pruebas orales y se realizan delante de tribunales. En Inglaterra, un país que lleva 30 años de enseñanza comprensiva, uno de los reclamos del partido laborista, en las elecciones de mayo del 2001, que más votos les consiguió, fue la promesa de aumentar su importancia. En EEUU, uno de los países que lleva más años de escuela comprensiva, la promesa de los republicanos de generalizar a todos les Estados los exámenes de Estado, que ya se realizan desde hace años en el Estado de Tejas, ha sido uno de los mensajes socialmente mejor valorados.

Los Exámenes de Estado o externos en los sistemas educativos europeos

Suecia

Hay un examen de Estado en 5º curso (11 años) y otro al final, en el 9º curso (16 años).

Noruega

Hay un examen de Estado al final de la enseñanza secundaria obligatoria, es decir en el 9º curso (16 años) y otro al final de la postobligatoria, de dos o tres cursos si es el Bachillerato (10 o 19 años respectivamente)

Finlandia

Hay un examen de Estado al final de la enseñanza secundaria obligatoria, es decir en el 10º curso (17 años) y otro al final de la postobligatoria de dos cursos si es la FP, o de tres cursos si es el Bachillerato (10 o 19 años respectivamente) de tres cursos (20 años)

Dinamarca

Hay un examen de Estado al final de la enseñanza secundaria obligatoria, es decir en el 9º curso (16 años) o el 10º curso (17 años). Durante el Bachillerato, que es de tres años, se realizan 10 exámenes externos.

Francia

Hay un examen de Estado, dependiente del Ministerio y organizado por las Universidades, para poder conseguir el título de Bachiller Superior.

Inglaterra

Hay un examen de Estado al final de la enseñanza secundaria obligatoria (16 años) y otro al final de la secundaria superior (18 años), que equivale a nuestro Bachillerato.

Austria

Hay un examen de Estado al final de la enseñanza general superior (15 años)

Holanda

Hay un examen de Estado al final del primer ciclo de la secundaria (16 años) y otro al final de los estudios obligatorios (18 años)

Alemania

Hay un examen de Estado al final del primer ciclo de la secundaria (16 años) y otro al final del Bachillerato (19 años)

España

No hay ningún examen de Estado al final de la enseñanza secundaria obligatoria (16 años) y sólo hay uno para los alumnos que, una vez acabado el Bachillerato de dos años, desean entrar en la Universidad (18 años).

Información extraída del informe de la comisión europea "Estructure des systemes d'enseignement et de formation initiale" Bruselas. Luxemburgo. 1995

Si se informa a la sociedad de que el Estado ha detectado que el grado de conocimientos de nuestros jóvenes es muy bajo y que sigue empeorando, que el Estado no puede inhibirse de su responsabilidad ante esta situación, que no hay más remedio que actuar de forma decidida y que para solucionar este problema la única medida eficaz es la instauración de Pruebas Externas a los centros al final de cada etapa, la sociedad lo entenderá perfectamente y lo agradecerá. Toda nuestra sociedad es consciente que así no podemos seguir y que alguien algún día tendrá que solucionarlo.

4. Tipos de Pruebas Externas

Una vez establecidos los conocimientos mínimos que han de tener los alumnos al final de cada etapa educativa (RRDD de Mínimos), es decir de la Primaria, de la ESO y del Bachillerato, haber abolido la promoción automática y haber fijado la prueba externa al final del Bachillerato, la llamada PGB, ahora el Ministerio debería establecer dos pruebas externas más, una para revalidar que el alumno ha adquirido los conocimientos establecidos en la Primaria y otra para validar que el alumno de la ESO está suficientemente preparado para acceder al Bachillerato o a la FP.

Estas dos pruebas no seguirían la misma filosofía ya que evalúan situaciones diferentes. Las que habría al final de la Primaria serían del tipo Revalida, ya que después de la Primaria solo hay un camino, que es estudiar ESO. En cambio la prueba que debería establecerse al final de la ESO debería ser una prueba de acceso al Bachillerato y a los CFGM de la FP en vez de una revalida de la ESO, ya que después de la ESO, una parte del alumnado accederá al mundo laboral, otra a los CFGM de la FP y otra al Bachillerato. Establecer una revalida podría crear el problema de que una gran parte de la población quedaría para siempre sin el Título de Graduado en ESO, lo cual, siendo una enseñanza obligatoria, evidenciaría un fallo del sistema educativo. Es mejor optar porque en ese título aparezca una calificación y que el aprobado (el cinco) sea relativamente fácil de alcanzar. Para hacer compatible este criterio con el de que no accedan ni al Bachillerato ni a los CFGM los alumnos que no tienen la preparación suficiente, la solución que se propone es que, tras el aprobado de la ESO, haya una Prueba de Acceso al Bachillerato y a la FP (las PABYFP), exclusivamente para aquellos alumnos que quieran acceder a estos estudios. En la nota final se tendría en cuenta la calificación que aparece en el Título de Graduado en ESO.

4.1 Pruebas Externas de Nivel al final de la Primaria (PEN-P)

Habría que evitar que los alumnos de Primaria, que han acabado el sexto curso pero que todavía no están suficientemente preparados se puedan incorporar al primer curso de ESO. Estos alumnos deberían repetir el sexto curso antes de pasar a la ESO. Si tras la repetición continuaran sin haber alcanzado los niveles mínimos establecidos, para evitar su eternización en la enseñanza Primaria, deberían pasar a la ESO pero a un grupo de curriculum adaptado, con el objetivo de proporcionarles una atención especial, que puede ser hacia su paulatina incorporación al sistema común o hacia conseguir que alcance el máximo de conocimientos y habilidades que puedan asumir, antes de su incorporación al mundo laboral.

Los controles (Pruebas Externas de Nivel de Primaria) podrían realizarse en el propio centro de Primaria y versarían sobre conocimientos mínimos (ser capaces de hacer una multiplicación y una división, de escribir con buena letra y sin demasiadas faltas de ortografía, entender el significado de un texto sencillo que implique un cierto vocabulario). No sería necesario hacerlo en todos los centros, sería suficiente hacerlo por ejemplo en uno de cada tres, cuatro o cinco centros, elegidos cada año al azar (Ver más detalles en el ANEXO 1 "El acceso de los alumnos de Primaria a la ESO").

4.2 Pruebas de Acceso al Bachillerato y a los Ciclos Formativos de Grado Medio

Se debería establecer una prueba de acceso al Bachillerato y a los Ciclos Formativos de Grado Medio, para asegurar que los alumnos que acceden al Bachillerato o a la Formación Profesional están suficientemente preparados. Los detalles de como serían estas pruebas aparecen en el ANEXO 2 "Criterios de promoción de curso en la ESO y características de las Pruebas de Acceso al Bachillerato y a los Ciclos Formativos de Grado Medio.

a) No se trataría de una revalida de las notas de la ESO, sino de una prueba posterior a la obtención del Título de Graduado en ESO, que sólo sería obligatoria para los alumnos que quisieran acceder a estudios posteriores.

b) Sería una prueba diseñada conjuntamente por el Ministerio y la Consejería de Educación de la respectiva Comunidad Autónoma. Versaría sobre los contenidos del Decreto de Mínimos de la ESO y sobre los contenidos fijados por cada Comunidad Autónoma para ese mismo nivel.

c) Sería pues una prueba externa al centro y su superación sería imprescindible para poder iniciar el Bachillerato o la Formación Profesional. En la calificación final se debería tener en cuenta tanto la nota media de la prueba como la nota media del expediente del alumno (en un porcentaje menor para evitar la picaresca).

d) Al igual que sucede en las PAU esta prueba constaría de unos exámenes sobre materias comunes, idénticos para todos los alumnos fuera cual fuera el itinerario seguido, y de unos exámenes sobre las materias propias de cada itinerario.

e) Si el alumno no superara la prueba podría repetirla al año siguiente. Para poderse preparar debería solicitar en su centro u en otro centro poder asistir a las clases del cuarto curso de la ESO. También se podrían organizar cursos especiales para ello en algunos centros como se hará con los Programas de Iniciación Profesional (PIP).

f) Se trataría de una prueba de conocimientos mínimos, de la que se publicarían orientaciones sobre los contenidos exigibles y el tipo de examen de cada materia.

g) A las pruebas de acceso al Bachillerato y a los Ciclos Formativos de Grado Medio (PABYFP) también se podrá acceder sin el Título de ESO si se tienen 18 años cumplidos. Esto permitiría el retorno de los alumnos que no acabaron la ESO en el sistema LOGSE.

4.3 La prueba externa de nivel al final del Bachillerato y las pruebas de acceso a la Universidad.

Desde los años setenta las Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU), las llamadas pruebas de la selectividad, han cumplido perfectamente sus dos objetivos: a) seleccionar a los mejores alumnos de entre todos los que querían acceder a una Universidad que no disponía de plazas suficientes para todos, y b) Conseguir que los alumnos de COU estudiaran muchísimo, como no lo habían hecho hasta entonces, que adquirieran hábitos de estudio, indispensables para luego poder seguir los estudios universitarios, y que se igualaran los conocimientos y niveles en todo el Estado. Todos los profesores sabemos que si no hubiese sido por las PAU los alumnos de COU hubiesen estudiado mucho menos, sabrían mucho menos y, por lo tanto, los niveles de nuestras Universidades serían hoy mucho más bajos. Las PAU son todavía hoy, la única prueba externa a los centros, el único examen de Estado que permite constatar oficialmente las calificaciones impartidas por los centros privados. Desgraciadamente sólo lo realizan aquellos alumnos que quieren acceder a la Universidad. Parece como si el Estado se hubiera desentendido de velar por el control de la educación en el resto de los niveles educativos, los que sí abarcan a toda la población.

En la actualidad se han sustituido las PAU por una revalida al final del Bachillerato, la llamada Prueba General de Bachillerato (PGB) y que cada Facultad organice las pruebas de acceso que considere más conveniente si ello le es imprescindible. Este nuevo sistema tiene una ventaja y una desventaja. La ventaja es que, ahora, el título de Bachiller se puede dar a un alumno que no lo merece del todo, en función de que se sabe que no se va a presentar a las PAU y, por lo tanto, nadie sabrá que determinado centro ha aprobado a un alumno no suficientemente preparado. En el futuro, todos los alumnos que obtengan el título de Bachiller será porque han superado la PGB o prueba externa del Estado.

La desventaja de que cada Facultad organice su prueba de acceso es que cada alumno tendrá que hacer tantas pruebas de acceso como Facultades quiera asegurar, con el peligro, casi seguro, de que esto sea imposible porque muchas veces coincidirán las fechas de dichas pruebas. En general lo prioritario es la carrera y no la Universidad. La mayoría de los alumnos que quieren estudiar una determinada carrera universitaria, lo quieren hacer en primer lugar en una de las la Facultades que le quedan más próximas y sólo unos pocos priorizan que sea en una de las que tienen más prestigio (esta opción sólo es real entre aquellos cuyas familias tienen medios económicos suficientes para costearles la estancia en otra ciudad).

Una posible solución sería:

1) Que todas las Facultades que impartan o una misma carrera o carreras del mismo ámbito, se coordinen entre sí para hacer la misma prueba de acceso y en el mismo día.

2) Que los alumnos indiquen su orden de prioridad respecto a cada una de las Facultades a las que da acceso aprobar dicha prueba.

3) Que se concedan las plazas en función de los resultados académicos. Es decir que el alumno con mejor nota sea el primero en elegir en que Facultad desea estudiar.

5. El acceso de los alumnos de Primaria a la ESO

Es conocido el problema que representa la promoción automática de los alumnos en el sistema educativo LOGSE. La escolarización en un determinado nivel no se realiza en función del nivel cognoscitivo de los alumnos, sino en función de su edad. Esto supone graves disfunciones en el sistema, ya que un alumno que no ha alcanzado un nivel adecuado de conocimientos al curso en el que está escolarizado no sólo no podrá seguir con normalidad las enseñanzas que en dicho curso se imparten, sino que, además, su inadaptación académica puede ser motivo de posibles inadaptaciones conductuales, a la vez que represente una rémora para el buen funcionamiento del resto del grupo clase.

En este momento nos encontramos en los primeros cursos de la ESO con situaciones paradójicas al tener escolarizados en los mismos grupos-clase a alumnos que pueden realizar las tareas adecuadas a este nivel juntamente con alumnos que han promocionado en razón de su edad, pero que apenas pueden leer con grandes dificultades; no saben escribir, no separan las palabras, no atienden a ninguna regla ortográfica, su grafía es ilegible; desconocen las operaciones matemáticas más elementales; confunden el pasado con el presente y el futuro; no tienen ningún habito de trabajo... Y así podríamos mencionar un sinfín de despropósitos que cualquiera de ellos por si solo haría imposible la tarea de llevar a buen fin los objetivos educativos que se han de alcanzar en estos primeros cursos de la educación Secundaria y que posteriormente repercutirá, así mismo, en los cursos siguientes, a lo largo de todo el proceso educativo, tanto para estos alumnos, como para sus compañeros que experimentarán una considerable merma en la atención que ellos mismos merecen y a la que tienen derecho, al ser prácticamente imposible que el profesor pueda atender, a la vez, a alumnos con niveles tan dispares.

Es por ello que se han de abordar con realismo estos casos a fin de darles alguna solución. Para ello proponemos que se realice algún tipo de prueba al finalizar la enseñanza primaria a fin de comprobar que los alumnos que promocionan de etapa han superado los niveles de la etapa anterior. Si no fuera así, difícilmente podrían lograrse unos niveles óptimos en la ESO, dado que su escolarización en las mismas aulas que los alumnos que hayan alcanzado los niveles adecuados no sólo no les beneficiaría a ellos, sino que además perjudicaría al resto de sus compañeros, ya que los más atrasados requerirían una parte muy importante de la atención de los profesores, sin que ello suponga ninguna garantía de éxito. A todo ello habría de añadirse que los profesores de Secundaria por su carácter de especialistas en las distintas materias que conforman el curriculum no son los más apropiados para enseñar conocimientos tan básicos como son los antes subrayados. Esto habrían de hacerlo los maestros de primaria, quienes por su formación pedagógica lo habrán de hacer mejor; o bien profesores de Educación Especial para los casos más difíciles.

Las pruebas para el paso de Primaria a la ESO habrían de ser realizadas por profesores que impartiesen clases en el primer ciclo de Secundaria, a fin de evitar que pudiera producirse situaciones tales como que en el caso de un alumno que resultase molesto en un grupo-clase de Primaria se tratase de promocionarlo a un nivel superior aunque no hubiere alcanzado el nivel adecuado. Dichas pruebas habrían de versar sobre contenidos básicos que más tarde especificaremos, conocimientos muy fáciles que recogiesen lo elemental de los objetivos de la educación Primaria y que pudieran superarlos la mayoría, sino la totalidad de los alumnos, a fin de no crear en éstos ninguna angustia ante la perspectiva de tener que superar estas pruebas. Así mismo habrían de tenerse en cuenta los hábitos de trabajo que hayan adquirido. Es notorio que un problema con el que se encuentran los profesores de Secundaria con los alumnos de los primeros cursos es su falta de hábitos de trabajo, su incapacidad para concentrarse en el estudio y para permanecer quietos y atentos en clase. Las explicaciones apenas las soportan durante unos pocos minutos, lo que dificulta notablemente la tarea del profesor. Esta incapacidad que, a veces, manifiestan para concentrarse imposibilita que se expresen de un modo coherente: falta de orden en las ideas, no atienden a una secuenciación temporal, confusión espacial...

Para el caso de los alumnos que no superasen las pruebas propuestas, éstos habrían de repetir un curso en Primaria con el fin de facilitar el nivel mínimo necesario para el paso de etapa. Si a pesar de haber repetido no lograsen alcanzar dicho nivel, se les podría matricular en la ESO, bien en unidades de adaptación curricular, bien en grupos-clase muy reducidos con fuerte apoyo didáctico a fin de ofrecerles una enseñanza adaptada a sus condiciones y necesidades. Es sabido que estos casos son los que necesitan una especial dedicación que no se les puede ofrecer en un grupo-clase normal, y, es por ello, que requieren de mayores recursos didácticos con profesores especialistas. A tal fin proponemos dotar a los centros de Secundaria de profesores de Educación Especial para Secundaria.

Pruebas de paso a Secundaria.

En el contenido de las pruebas habría de tener en cuenta tanto los conocimientos básicos en las áreas lógico-matemática y socio-lingüística como habilidades manuales y hábitos de trabajo.

a) Área lógico-matemática.

1- Saber realizar clasificaciones lógicas.

2- Saber realizar operaciones matemáticas de sumar, restar, multiplicar y dividir.

3- Saber resolver problemas sencillos aplicando las operaciones matemáticas antes mencionadas.

4- Poder resolver problemas que impliquen medidas diversas, haciendo equivalencias con unidades de la misma medida..

b) Área socio-lingüística.

1- Ser capaz de utilizar el lenguaje a nivel comprensivo y expresivo para hacer exposiciones y mantener diálogos.

2- Saber expresar oralmente de un modo coherente un pensamiento, exponiendo las ideas de modo ordenado y atendiendo a la secuenciación temporal de los hechos.

3- Ser capaz de distinguir claramente en un conjunto de hechos conocidos entre el pasado, el presente y el futuro.

4- Saber leer con fluidez un texto.

5- Comprender textos sencillos de tipología diversa.

6- Ser capaz de elaborar textos narrativos sencillos.

7- Escribir de modo correcto: separando las palabras y utilizando correctamente la

ortografía.

c) Habilidades manuales.

1- Ser capaz de manejar con destreza algunos instrumentos como el compás, el tiralíneas, la escuadra, el cartabón...

2- Realizar dibujos que reproduzcan modelos sencillos.

3- Dibujar cuerpos geométricos sencillos.

4- Realizar composiciones sencillas donde se pueda manifestar la capacidad creativa a

partir de materiales disponibles: papel recortado, pasta de papel, collage, etc.

A todo ello, habría que añadir, como ya hemos expresado anteriormente, la adquisición de

hábitos de trabajo que permitan a los alumnos atender las explicaciones que se dan en las

clases y concentrarse en la realización de las tareas propuestas así como en el estudio.

Dado el carácter muy elemental de estas pruebas, no debiera haber razones para oponerse a las mismas. Pudiendo ser, a su vez, un estímulo para los alumnos que habrían de trabajar con mayor seriedad para superarlas, así como para los maestros que pondrían un empeño especial en su tarea a fin de que ésta resultase exitosa. Así mismo las familias se sentirían obligadas a una mayor colaboración en la tarea de educar a sus hijos, ya que en caso contrario habrían de asumir la repetición de curso con el consiguiente retraso que ello supone. Ello facilitaría un mayor control de los alumnos por parte de sus familias.

6. Criterios de promoción de curso en la ESO y características de las Pruebas de Acceso al Bachillerato y a los Ciclos Formativos de Grado Medio (PABYFP)

1. Materias

Las pruebas consistirían en una serie de exámenes sobre todas las materias troncales que aparecen en la ESO. Si no fuera así habría el peligro de que las materias que no entraran en las pruebas de acceso se estudiaran con menor exigencia, o incluso que no se impartieran en algún centro privado en aras de reforzar las que sí entran en las pruebas.

Se diferenciarían dos tipos de pruebas, las que permiten el acceso al Bachillerato y las que permiten acceder a los Ciclos Formativos de Grado Medio. Si bien las materias a examinar serían las mismas, se establecerían las siguientes diferencias:

a) En las pruebas de acceso al Bachillerato los niveles de exigencia serían más altos en todas las materias menos en Tecnología e Informática.

b) En las pruebas de acceso a los Ciclos Formativos de Grado Medio los niveles de exigencia serían más bajos que en las de acceso al Bachillerato, excepto en las materias de Tecnología e Informática en que serían más altos.

La razón de establecer que algunos exámenes de las pruebas de acceso a los Ciclos Formativos sean más difíciles que los correspondientes en las pruebas de acceso al Bachillerato, radica en el objetivo de eliminar la idea de que a los Ciclos Formativos sólo van los que no pueden acceder al Bachillerato.

Los alumnos que en el momento de realizarse las pruebas de acceso todavía duden sobre a cual presentarse, deberán presentarse a las de acceso al Bachillerato, que son las que tienen el nivel más alto, excepto en Tecnología e Informática, que deberán realizar las de acceso a los Ciclos Formativos, que también son las que tienen los niveles más altos. Así podrán luego acceder tanto al Bachillerato como a los Ciclos Formativos. De suspender esta prueba, el Tribunal juzgará si tiene el nivel suficiente para acceder solamente al Bachillerato, o solamente a los Ciclos Formativos, o a ninguno de los dos.

2. Los tribunales

Los tribunales estarían constituidos por funcionarios del Estado. Cada tribunal estaría constituido por un inspector de enseñanza Secundaria y por profesores licenciados de enseñanza secundaria de las diferentes especialidades. Su trabajo consistiría en la vigilancia de las pruebas y en la corrección de las mismas. Se escogerían por concurso de méritos entre las solicitudes presentadas. Se remunerarán con una cantidad fija por los trabajos de vigilancia y con una cantidad variable en función del número de exámenes corregidos.

Se establecerían tribunales ordinarios en Junio y algunos también en Septiembre. También se establecerían tribunales extraordinarios para incidencias (alumnos enfermos, causas de fuerza mayor, etc.). El número de tribunales estaría en función de no superar los 250 exámenes por corrector.

Se realizaría un sorteo para adjudicar a cada centro (público, concertado o privado) un Tribunal en Junio y otro en Septiembre. Se evitaría que los alumnos de la enseñanza pública fueran examinados por sus propios profesores.

3. Las pruebas

Se elaboraría una manual orientativo con la información de como están estructuradas estas pruebas (PABYFP), los requisitos legales para acceder a ellas, las materias que entran, los contenidos generales de cada materia, los plazos de matrícula, etc. Estos manuales se enviarían a todos los centros.

Se elaborarían un temario orientativo por materia, con los contenidos mínimos que pueden ser objeto de preguntas, con ejemplos resueltos de los diversos tipos de preguntas, y con los criterios de calificación de las mismas.

Las pruebas de cada especialidad serían preparadas, a nivel de cada Comunidad Autónoma, por un equipo de cuatro o cinco profesores de Secundaria que estuvieran en activo. Se escogerían mediante concurso público en función de criterios objetivos (titulación profesional, méritos, experiencia, etc.). Al frente de cada uno se pondría un coordinador. Se procuraría que los equipos, o al menos el coordinador, se mantuvieran durante un mínimo de cinco años para que el tipo de pruebas fuera más o menos estable.

Los modelos de las pruebas serían elaborados por los coordinadores y sus equipos, y serían presentados al Gobierno Autonómico y al Gobierno del Estado, a través de la Alta Inspección, para ser cotejados, y así, si fuera necesario, introducir en ellos los factores de corrección precisos para unificar el mismo nivel de exigencia en todas las materias y en todo el Estado.

7. CONCLUSIONES

7.1 La Administración ha de vigilar que las calificaciones que dan los centros se corresponden con los conocimientos de los alumnos. La única forma de controlarlo es realizando, la propia Administración, exámenes a los alumnos al final de cada etapa educativa (Primaria, ESO y Bachillerato), .

7.2 Las Pruebas Externas los deberían realizar las Consejerías de Educación en cooperación con las respectivas Altas Inspecciones. Estas pruebas corresponderían a los Exámenes de Estado que se hacen en la mayoría de los demás países europeos.

7.3 Los controles al final de la Primaria (Pruebas Externas de Nivel de Primaria) podrían realizarse en el propio centro de Primaria y versarían sobre conocimientos mínimos. No sería necesario hacerlo en todos los centros, sería suficiente hacerlo por ejemplo en uno de cada tres, cuatro o cinco centros, elegidos al azar cada año. Los que no las superaran deberían repetir el sexto curso antes de pasar a la ESO. Si tras la repetición continuaran sin haber alcanzado los niveles mínimos establecidos, para evitar su eternización en la enseñanza Primaria, deberían pasar a la ESO pero a un grupo de curriculum adaptado.

7.4 Se debería establecer una prueba de acceso al Bachillerato y a los Ciclos Formativos de Grado Medio. No se trataría de una revalida de las notas de la ESO, sino de una prueba posterior a la obtención del Título de Graduado en ESO. Sólo sería obligatoria para los alumnos que quisieran acceder a estudios posteriores. Versaría sobre los contenidos del Decreto de Mínimos de la ESO. Se tendría en cuenta la nota final de la ESO. Si el alumno no superara la prueba podría repetirla al año siguiente. Se publicarían orientaciones sobre los contenidos exigibles y el tipo de examen de cada materia. Se podría acceder sin el Título de ESO si se tienen 17 años cumplidos. Esto permitiría el retorno de los alumnos que no acabaron la ESO. Los Programas de Garantía Social ofrecerían un curso de un año para preparar esta prueba.

7.5 Todas las Facultades que impartan una misma carrera o carreras del mismo ámbito, se deberían coordinar entre si para hacer la misma prueba de acceso a la Universidad y en el mismo día. Los alumnos indicarían su orden de prioridad respecto a cada una de las Facultades a las que da acceso aprobar dicha prueba. Las plazas se concederían en función de los resultados académicos. Es decir que el alumno con mejor nota sería el primero en elegir la Facultad en que desea estudiar.