LAS PRUEBAS DE ACCESO AL BACHILLERATO Y A LA FP (PABYFP):

CARACTERÍSTICAS GENERALES Y ESTRUCTURA (2/2)

Federación de sindicatos de Profesores de Secundaria (FPS)

Eduardo Calderón (USPL) Canarias)

Antonio Jimeno Fernández AMES (Catalunya)

Honorio Vega Guillen (ASPESCL) (Castilla - León)

1. Las materias

Las pruebas consistirían en una serie de exámenes sobre todas las materias troncales que aparecen en la ESO. Así se evitaría el peligro de que las materias que no entraran en las pruebas de acceso se estudien con menor exigencia, o incluso que no se impartan en algún centro privado en aras de reforzar las que sí entran en las pruebas. Dentro de las materias troncales se distinguirían las materias comunes o instrumentales, que son las que resultan imprescindibles para todos los alumnos, sean cuales sean los estudios que luego quieran cursar, y las materias de modalidad, que son las que varían en función de los estudios que luego quieran cursar.

Las pruebas presentarían exámenes de materias comunes, que deberían realizar todos los alumnos, y exámenes de materias de modalidad, que serían diferentes según se quiera acceder a un Bachillerato de ciencias, a uno de letras, o a uno artístico, o a una FP de una familia o de otra. Es decir lo mismo que ahora se hace en las PAU.

Dado que los alumnos cursarían asignaturas diferentes y no niveles diferentes se evitaría el prejuicio de que a los Ciclos Formativos sólo van los que no pueden acceder al Bachillerato. Sólo en algunas materias como son "Matemáticas" y "Física y Química" se podría establecer dos niveles diferentes según se quiera acceder a un Bachillerato de Ciencias o a una FP de Ciencias. Así se evitaría imponer exigencias innecesaria en el acceso a la FP.

Gracias a las diferencias de dificultad entre las materias de modalidad, la Administración podría reconducir al alumnado hacia aquellos estudios que más precisa nuestra sociedad y en los que, por ello, es más probable encontrar trabajo. Actualmente 2/3 del alumnado se inclina por el Bachillerato y sólo 1/3 lo hace por la FP, cuando las proporciones que se necesitan son justamente las contrarias.

Los alumnos que en el momento de realizarse las pruebas todavía duden sobre que estudios cursar después, podrían presentarse a las optativas de dos o más modalidades. En función de los resultados el alumno podrá optar luego entre todas las modalidades en las que ha conseguido aprobar.

2. Los tribunales

Los tribunales estarían constituidos por funcionarios del Estado. Cada tribunal estaría constituido por un inspector de enseñanza secundaria y por profesores licenciados de enseñanza secundaria de las diferentes especialidades. Su trabajo consistiría en la vigilancia de las pruebas y en la corrección de las mismas. Se escogerían por concurso de méritos entre las solicitudes presentadas. Se remunerarán con una cantidad fija por los trabajos de vigilancia y con una cantidad variable en función del número de exámenes corregidos.

Se establecerían tribunales ordinarios en Junio y algunos también en Septiembre. También se establecerían tribunales extraordinarios para incidencias (alumnos enfermos, causas de fuerza mayor, etc.). El número de tribunales estaría en función de no superar los 250 exámenes por corrector.

Para facilitar la corrección las pruebas constarían de una parte que precisaría la figura del profesor corrector y de una parte tipo test que se corregiría automáticamente por ordenador, como actualmente se hace, por ejemplo, en el MIR y en muchas Facultades Universitarias. Esto agilizaría mucho la corrección y abarataría mucho los costes de corrección de las pruebas.

Las pruebas se podrían realizar siempre en IES o, en el caso de centros privados muy grandes, en dichos centros. Para ello se desplazaría el Tribunal a dicho centro. Las pruebas se realizarían el mismo día y a la misma hora en todos los centros de una misma Comunidad Autónoma. Lógicamente se evitaría que los alumnos de la enseñanza pública fueran examinados por sus propios profesores.

3. Las pruebas

Se elaboraría una manual orientativo con la información de como están estructuradas estas pruebas (PABYFP), los requisitos legales para acceder a ellas, las materias que entran, los contenidos generales de cada materia, los plazos de matrícula, etc. Estos manuales se enviarían a todos los centros.

Se elaborarían un temario orientativo por materia, con los contenidos mínimos que pueden ser objeto de preguntas, con ejemplos resueltos de los diversos tipos de preguntas y con los criterios de calificación de las mismas.

Las pruebas de cada especialidad serían preparadas en cada Comunidad Autónoma por un equipo de cuatro o cinco profesores de secundaria que estuvieran en activo. Se escogerían mediante concurso público en función de criterios objetivos (titulación profesional, méritos, experiencia, etc.). Al frente de cada uno se pondría un coordinador. Se procuraría que los equipos, o al menos el coordinador, se mantuvieran durante un mínimo de cinco años para que el tipo de pruebas fuera más o menos estable.

Los modelos de las pruebas serían elaborados por los coordinadores y sus equipos y serían presentados al Gobierno Autonómico y al Gobierno del Estado a través de la Alta Inspección, para ser cotejados. Si fuera necesario, la Alta Inspección podría introducir en ellos los factores de corrección precisos para homogeneizar, a nivel de todo el Estado, los niveles de exigencia de cada materia en todas las Comunidades Autónomas.

Estas pruebas serían pruebas de mínimos, es decir sólo se preguntaría aquello que es imprescindible para poder seguir las clases de Bachillerato y de FP de la especialidad elegida. El porcentaje de aprobados debería ser igual o superior al de las actuales PAU, es decir de un 90% o más. Es posible que en el primer año, o en los dos primeros años, haya un porcentaje de suspensos algo superior debido a la novedad. Los alumnos suspendidos en él mes de junio podrían presentarse en septiembre. A los alumnos suspendidos en septiembre, se les podría dar, sólo una vez, la posibilidad de realizar en un IES un "Curso de preparación de las PABYFP". Este curso anual sólo se realizaría en algunos IES ya que el alumnado en esta situación sería muy escaso, menos del 10% de los que se presentaron a las pruebas de acceso.

4. Otras características a introducir en relación a las PABYFP

Sería conveniente introducir junto a la calificación final de la ESO un consejo orientador por parte de los profesores y psicopedagogos que forman la Junta de Evaluación, en el que se indicara al alumno a que materias de modalidad puede presentarse con más posibilidades de éxito.

A estas pruebas también se podrían presentar aquellas personas que pese a no haber obtenido el título de Graduado en Enseñanza Secundaria, han estado dos o más años trabajando o haciendo cursos de garantía social.

5. Las PABYFP facilitarían la autogestión a nivel de cada Comunidad Autónoma y de cada centro educativo

Los gobiernos de las diferentes Comunidades Autónomas y, dentro de ellas, los Consejos Escolares de los diferentes centros educativos, tendrían una gran libertad para organizar los curricula de la forma que mejor consideren. El Estado simplemente cumpliría su principal función, que es la de crear un marco legal de trabajo que favorezca la tarea educativa, y realizar un seguimiento, continuo y objetivo, de que las leyes son cumplidas. Es decir, hacer en la enseñanza secundaria lo mismo que, por ejemplo, se hace en el campo de la alimentación, con los controles de calidad de los alimentos. En nuestro caso este control consistiría en constatar que las calificaciones se corresponden con los conocimientos. En el caso de la enseñanza privada además se podría constatar si su funcionamiento es correcto.

Por otro lado, al ser estas pruebas similares en todo el Estado español, los ciudadanos tendrían la seguridad de poder cambiar de centro o incluso de Comunidad sin demasiados problemas.

6. Las PABYFP constituirían un elemento muy objetivo para la evaluación externa de los centros.

La evaluación de los centros educativos es generalmente una tarea incomoda para el Gobierno, ya sea central o autonómico, y no suele solucionar los problemas, ya que cuando el resultado es negativo, las soluciones que se proponen son difíciles de hacer cumplir completamente.

Gracias a estas pruebas se dispondría de un elemento objetivo para evaluar el funcionamiento de los centros. La mejor evaluación del trabajo de un equipo educativo, en condiciones de normalidad y sin olvidar el contexto de la zona en la que haya, es la tendencia, al alza o a la baja, del número de inscripciones. Éstas, en gran parte, están en función de la preparación que alcanzan sus alumnos, la cual quedaría constatada por el porcentaje de alumnos que superan las pruebas de acceso. Así pues, casi bastaría con fijarse en ese porcentaje para tener una idea bastante cierta del buen o mal funcionamiento del centro, al compararlo con otros centros de la misma zona.

7. Las pruebas externas son una característica de la mayoría de los sistemas educativos europeos.

El establecimiento de estas pruebas no ha de ser considerado como una medida excepcional, sino todo lo contrario, como una necesidad propia de todo sistema educativo. Una necesidad que justamente ahora se revela como urgente, debido al desconcierto actual en la Secundaria. En la mayoría de los países europeos se realizan pruebas externas (ver el cuadro adjunto). En muchos de estos países los exámenes incluyen pruebas orales y se realizan delante de tribunales. En Inglaterra, un país que lleva 30 años de enseñanza comprensiva, uno de los reclamos del partido laborista, en las elecciones de mayo del 2001, que más votos les consiguió, fue la promesa de aumentar su importancia.

Los Exámenes de Estado o externos en los sistemas educativos europeos

Suecia

Hay un examen de Estado en 5 curso (11 años) y otro al final, en el 9 curso (16 años).

Noruega

Hay un examen de Estado al final de la enseñanza secundaria obligatoria, es decir en el 9 curso (16 años) y otro al final de la postobligatoria, de dos o tres cursos si es el Bachillerato (10 o 19 años respectivamente)

Finlandia

Hay un examen de Estado al final de la enseñanza secundaria obligatoria, es decir en el 10 curso (17 años) y otro al final de la postobligatoria de dos cursos si es la FP, o de tres cursos si es el Bachillerato (10 o 19 años respectivamente) de tres cursos (20 años)

Dinamarca

Hay un examen de Estado al final de la enseñanza secundaria obligatoria, es decir en el 9 curso (16 años) o el 10 curso (17 años). Durante el Bachillerato, que es de tres años, se realizan 10 exámenes externos.

Francia

Hay un examen de Estado, dependiente del Ministerio y organizado por las Universidades, para poder conseguir el título de Bachiller Superior.

Inglaterra

Hay un examen de Estado al final de la enseñanza secundaria obligatoria (16 años) y otro al final de la secundaria superior (18 años), que equivale a nuestro Bachillerato.

Austria

Hay un examen de Estado al final de la enseñanza general superior (15 años)

Holanda

Hay un examen de Estado al final del primer ciclo de la secundaria (16 años) y otro al final de los estudios obligatorios (18 años)

Alemania

Hay un examen de Estado al final del primer ciclo de la secundaria (16 años) y otro al final del Bachillerato (19 años)

España

No hay ningún examen de Estado al final de la enseñanza secundaria obligatoria (16 años) y sólo hay uno para los alumnos que, una vez acabado el Bachillerato de dos años, desean entrar en la Universidad (18 años).

Información extraída del informe de la comisión europea "Estructure des systemes d'enseignement et de formation initiale" Bruselas. Luxemburgo. 1995