La auténtica conflictividad escolar

El hecho de que en el municipio de Hospitalet del Llobregat (Barcelona) hace unos días un exalumno de un colegio privado concertado entrara en un aula y secuestrara a unos alumnos es, por suerte, un suceso tan extraordinario en nuestros centros que no ha generado apenas inquietud en los centros educativos. Lo que lamentamos muchos profesores es que un incidente tan puntual haya provocado tanta atención por parte de la opinión pública, mientras que los numerosos problemas de conflictividad en los centros, generalmente debidos a unos pocos alumnos, no merezcan ninguna atención.

Hace años que los profesores de la enseñanza secundaria obligatoria (12 a 16 años) venimos insistiendo en que obligar a todos los alumnos a estar juntos en la misma aula estudiando las mismas cosas, es una fuente continua de problemas. Si a esto se añade que algunos de esos alumnos han suspendido casi todas las materias del curso anterior y, por lo tanto, no pueden comprender lo que se les explica, se entiende que hoy la conflictividad dentro del aula sea algo bastante frecuente.

¿Por qué un alumno que quiere ponerse a trabajar a los 16 años tiene que "soportar" las mismas seis horas de clase que otro que luego quiere hacer un Bachillerato? ¿Cómo va a poder el profesor enseñar algo en un grupo tan diverso? El problema básico no es que ahora hayan más alumnos conflictivos, que los hay, sino que es el actual sistema educativo el que los genera año tras año.

Sino hay más problemas es porque los alumnos con interés y capacidad aceptan aprender menos de lo que podrían, porque los alumnos a los que les interesan otras cosas o no tienen suficiente capacidad se conforman con estar callados y sin entender nada durante muchas horas, y porque los profesores aceptan que ahora ya no interesa tanto si los alumnos aprenden mucho o poco, sino sobretodo que estén recogidos y, si puede ser, también aprobados. Sino fuera así, tal y como lo digo, nuestras autoridades académicas permitirían que al final de la ESO se realizaran controles estatales a los alumnos. Esto permitiría a las familias saber si las notas dadas por los centros se corresponden realmente con los conocimientos de sus hijos y si nuestro sistema educativo funciona mejor o peor que el de otras comunidades autónomas o el de otros países europeos. Ahora no lo sabemos.

En espera de dichos necesarios controles, creo que el establecimiento de varios itinerarios diferentes según las capacidades e intereses de los alumnos y la eliminación de la promoción automática, como propone la futura Ley de la Calidad, son dos cambios que pueden disminuir la conflictividad escolar.

Antonio Jimeno

Presidente del sindicato AMES

Acció per a la Millora de l’Ensenyament Secundari