Informe Pisa: los pies en el suelo

¿No es segregador un sistema que pretende igualar en la mediocridad y no da más a los que pueden?

LA VANGUARDIA - 06/01/2005

Hasta hace poco parecía que el único problema de la educación española era la religión. Este fue uno de los motivos esgrimidos para paralizar la LOCE. Ha tenido que venir el informe Pisa (y los resultados de las pruebas de competencias básicas en Catalunya) para poner los pies en el suelo y decirnos que nuestros adolescentes saben poco. ¿Es que son intelectualmente inferiores a los de otros países? No. ¿Es que el profesorado es incompetente? No. ¿Qué falla en nuestro sistema educativo?

No parece que la educación sea una gran prioridad política: ¿un informe tan demoledor no merece una comisión parlamentaria o un debate a fondo? Unas declaraciones de compromiso de la ministra y otras, que más vale olvidar, de nuestra consellera, y se acabó el asunto. Pero los problemas siguen: aulas de ESO en donde se mezclan alumnos que no persiguen más que reventar la clase con otros que quieren saber, un profesorado al que se le exige demasiado, una Administración obsesionada por eliminar el fracaso escolar reduciendo cada vez más la exigencia, continuos cambios legislativos, unos programas de televisión que deseducan, demasiadas familias que dimiten de su papel educador, una juventud que va a la cabeza de Europa en consumo de drogas y a la cola en formación...

Y, además, un mal sistema educativo, el de la Logse. Su pedagogía ha contribuido al fracaso: ridiculización del esfuerzo, promoción semiautomática, dirección no profesionalizada de los centros públicos, desorganización del currículum (créditos trimestrales, con cambios continuos de horario, profesorado...), igualitarismo que menosprecia una carrera profesional seria... ¿Y el dinero? El gasto educativo no llega a la media de la OCDE (aunque no está muy lejos, si sumamos gasto público y privado), pero, ¿resuelve el problema invertir más en un mal sistema? La propia OCDE recuerda que el dinero no lo es todo en educación.

Es un error contentarse con la supuesta equidad del sistema. Es un disparate renunciar a la excelencia académica. Mientras el 22,6 por ciento de los estudiantes finlandeses y el 14,1 por ciento de los de la OCDE alcanzan los niveles altos, en España sólo un 6,6 por ciento lo consigue. ¿No es segregador un sistema que solamente pretende igualar en la mediocridad y no da más a los que pueden?

Ha sobrado mucha demagogia en estos años cuando se ha despreciado a quienes defendemos la diversificación de itinerarios a partir de los 14 años, como tiene una gran mayoría de sistemas, en donde la comprensividad termina a los 15 años y no a los 16 como aquí.

Nuestros alumnos están muy mal preparados a los 15 años, pero, ¿y al final del bachillerato? Muchos profesores universitarios podrían contestar esta pregunta. Nuestra educación se basa en una ESO que pretende más entretener que enseñar y a la que sigue un bachillerato de dos años. ¡El más corto de los países de Europa! La Asociación de Catedráticos y el sindicato de secundaria Aspepc están proponiendo un bachillerato de tres años, como tiene la inmensa mayoría de países... sin que los políticos hagan mucho caso.

Parece que el principal problema del país es nombrar un juez del Tribunal Supremo, para lo que se hace una reforma legal urgentísima. El deterioro de la educación puede esperar, paralizando medidas que iban en la buena dirección.

Propongo que la futura ley se apruebe con la misma mayoría que para nombrar un presidente de Sala del Tribunal Supremo, para así lograr un gran consenso. ¿ No ha de ser la educación la gran prioridad? Pues que se note.

FELIPE J. DE VICENTE ALGUERÓ, presidente de la Associació de Catedràtics d´Ensenyaments Secundaris de Catalunya