La historia más bella

EVELIO MORENO, Profesor de filosofía | Artés

La Vanguardia.-15/05/2006

 

La profesión por excelencia es ser profesor. Sócrates no entendía cómo los hombres dedicaban tantos esfuerzos en mejorar razas animales y especies vegetales, mientras descuidaban la educación, es decir, la mejora intelectual y moral del ser humano. Acaso enseñar consista en despertar el daimon platónico y vencer la amnesia, avivar el seso y recobrar la memoria perdida de las cosas. O tal vez (Aristóteles dixit) enseñar sea grabar con palmeta en la cera virgen del entendimiento juvenil los saberes de la polis, las virtudes de la comunidad; porque todo el mundo desea, por naturaleza, saber.

Pensar en libertad, volar y arriesgarse, atreverse a pensar por uno mismo sin tutores ni muletas, es el imperativo más noble que Kant asignaba a la razón humana. Hay algo lleno de dignidad y amor en la sublime función del maestro.

De vez en cuando, las manos llenas de tiza, entre las austeras paredes de una clase que bulle o bosteza, se produce el pequeño milagro del conocimiento: penetrar la mente esponjosa de un alumno y sembrar una idea, plantear una duda o suscitar una pregunta. Entonces lo demás es superfluo, las leyes orgánicas enmudecen y respira la palabra. Es la historia más bella del aula.