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LAS PRUEBAS EXTERNAS DE ACCESO AL BACHILLERATO Y A LA FP: UNA NECESIDAD EN LOS DEPARTAMENTOS DIDÁCTICOS DE SECUNDARIA

Antonio Jimeno Fernández

Acción para la Mejora de la Enseñanza Secundaria (AMES)

ajimeno@pie.xtec.es

Los Departamentos Didácticos están llamados a ser uno de los principales elementos en la mejora de la nueva enseñanza Secundaria. Después de la aprobación de la Ley de la Calidad (LOCE) ahora es el momento de recuperar la idea de que en cada curso de la ESO también hay unos conocimientos mínimos y unos procedimientos básicos que han de ser adquiridos para poder pasar de curso. El relativizar esta idea ha sido uno de los factores que más ha perjudicado nuestra enseñanza Secundaria. La promoción automática simplemente en función de la edad derivada de la LOGSE ha provocado la desorientación de muchos profesores sobre lo que debían hacer en clase, es decir sobre cual era su papel en el sistema educativo. Esta incómoda situación, prolongada durante más de diez años y acompañada de la convicción de que era una situación irreversible, ha provocado el cansancio y la desilusión de muchos profesores de Secundaria que antes estaban encantados con su profesión.

Después de años de promoción automática se han adquirido hábitos de falta de esfuerzo tanto en alumnos como en profesores. Debido a ello, ahora es imprescindible que se establezcan algunas medidas que impidan el incumplimiento de las dos grandes mejoras establecidas en el nuevo sistema educativo: unos contenidos básicos obligatorios en cada curso y la imposibilidad de pasar de curso con más de dos asignaturas pendientes.

Uno de los retos más importantes con los que se deberá enfrentar el Jefe de un Departamento Didáctico va a ser conseguir que todos los profesores sin excepción vuelvan a creer en su profesión, es decir a creer que la sociedad está esperando de ellos que enseñen y eduquen a los alumnos y no simplemente que los entretenga. En muchos casos será fácil conseguirlo pero en otros no será una tarea sencilla.

Todos sabemos que enseñar no es una técnica sino un arte y eso implica que debemos mantener un respeto exquisito a la forma de trabajar que tiene cada profesor. Si los resultados son buenos, es decir si sus alumnos aprenden, es señal de que el profesor está haciendo bien su trabajo, aunque su metodología no coincida con la del resto de miembros del Departamento. El problema está en cómo saber si las calificaciones que da un profesor realmente reflejan el nivel de conocimientos de sus alumnos. Por experiencia sabemos que si las calificaciones son altas el profesor no tiene ningún problema, mientras que si son bajas, hay quejas de alumnos, de padres e incluso de la Dirección del centro. Esta situación, poco a poco, lleva a una cierta relajación en la exigencia y, por lo tanto, a que no se aproveche suficientemente los años que tienen nuestros jóvenes para formarse y adquirir hábitos de trabajo.

Sí un Jefe de Departamento se encuentra ante un profesor que no cumple los acuerdos sobre programación y niveles de exigencia del Departamento, posiblemente no va a poder mejorar la situación si las calificaciones son altas. La solución para conseguir que todos los profesores, sin excepción, se sientan impulsados a mantener un cierto grado de exigencia y a impartir los contenidos básicos de cada asignatura sería el establecimiento de unas pruebas externas al final de la ESO. Es lo que se hace en otros muchos países europeos y es lo que ya hacemos nosotros al final del Bachillerato desde hace muchos años. De los diez países más importantes de Europa, solo en España y Francia no existen exámenes de Estado para aprobar la enseñanza Secundaria obligatoria. En muchos de estos países los exámenes incluyen pruebas orales y se realizan delante de tribunales

El incremento de esfuerzo que realizan nuestros alumnos cuando pasan de la ESO al Bachillerato y el que antes hacían los alumnos del antiguo COU se debe básicamente a la existencia de las Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU). Sin estas pruebas los niveles serían mucho más bajos y más heterogéneos. Es decir, tenemos una larga y positiva experiencia de cómo unas pruebas externas mejoran la calidad de la enseñanza. Si queremos que también en la ESO aumente la calidad, el camino a seguir es establecer unas pruebas similares a las PAU para poder acceder al Bachillerato y a la FP. Se trataría de unas pruebas sobre conocimientos básicos que solo realizarían los alumnos que, una vez aprobada la ESO, deseen acceder al Bachillerato o a la FP. Esta solución sería mucho mejor que establecer una revalida de la ESO porque no provocaría un aumento del fracaso escolar al final de la ESO ni dificultaría el acceso al mundo laboral de los alumnos que opten por esta vía.

Debería ser una prueba diseñada conjuntamente por el Ministerio y la Consejería de Educación de la respectiva Comunidad Autónoma. Versaría sobre los contenidos del Decreto de Mínimos de la ESO y sobre los contenidos fijados por cada Comunidad Autónoma para ese mismo nivel. Sería obligatoria tanto para los alumnos de la enseñanza pública como para los de la enseñanza privada y su superación sería imprescindible para poder iniciar el Bachillerato o la Formación Profesional. Constaría de exámenes sobre materias comunes, idénticos para todos los alumnos fuera cual fuera el itinerario seguido, y de exámenes sobre las materias propias de cada itinerario. Se publicarían orientaciones sobre los contenidos exigibles y el tipo de examen de cada materia. En la calificación final se debería tener en cuenta tanto la nota media de la prueba como la nota media del expediente del alumno. Podría repetirse en septiembre y al año siguiente. Los Programas de Iniciación Profesional (PIP) podrían ofrecer un curso de un año para preparar estas pruebas. A ellas también se podrían presentar las personas carentes del Título de ESO que ya han cumplido los 18 años. Esto permitiría el retorno al sistema educativo reglado de los alumnos que no acabaron la ESO en el sistema LOGSE.

Otros beneficios que aportarían estas pruebas a nuestro sistema educativo son:

a) Se aseguraría que todos los alumnos que acceden al Bachillerato y a la FP tienen los conocimientos mínimos imprescindibles. Actualmente, con la Ley en la mano, podrían acceder los alumnos que han aprobado el itinerario más sencillo, el encaminado hacia el mundo laboral, y no los que han cursado el itinerario hacia el Bachillerato pero que han suspendido una asignatura, pese a que estén mejor preparados que los anteriores. Si no se establecen estas pruebas, nuestra FP y nuestro Bachillerato, que con sólo dos cursos es el más breve de Europa, tienen muchas posibilidades de degradarse en pocos años.

b) Al volver a ser importante la preparación de los alumnos, los profesores de Secundaria recuperarían su profesión de especialistas en la transmisión de conocimientos y actitudes y, con ello, su prestigio social.

c) En todos los centros se impartirían los contenidos establecidos para cada asignatura en el Decreto de Mínimos de la ESO y se uniformizarían los niveles de exigencia, con lo que sería posible el cambio de centro incluso entre diferentes Comunidades Autónomas.

d) Existiría un control objetivo y continuo por parte del Estado de la calidad de todos los centros, con lo que el Estado evitaría la posibilidad de fraude en las calificaciones a los alumnos y a sus familias. Además, se facilitaría la inspección de los centros ya que no hay mejor evaluación de un centro que el resultado continuado de sus alumnos.

e) Se daría un paso decisivo hacia una titulación europea de enseñanza secundaria obligatoria que permitiera el acceso al Bachillerato y a la FP en cualquier otro país de la UE.

Todas las personas interesadas en conocer con más detalle esta propuesta pueden encontrar más información en la página WEB (http://amesweb.tripod.com) de la asociación de profesores AMES (Acción para la Mejora de la Enseñanza Secundaria). Además, en ella se puede firmar una solicitud a nuestras autoridades académicas del establecimiento de dichas pruebas externas.