Un Bachillerato ridículo

Julián Martín Martínez

Presidente de ANCABA

Ya sabíamos que este Bachillerato de dos años tenía una estructura insuficiente. Se veía venir que no iba a valer ni para repescar a los alumnos atrasados ni para preparar para la Universidad. Sabíamos que era inútil para la tarea imprescindible de rellenar los vacíos científicos de la ESO, reflotar a los alumnos y capacitarles para poder acercarse a los niveles científicos tradicionales del Bachillerato. Sabíamos que era inútil para que el alumno pudiera asumir los contenidos epistemológicos de un bachillerato digno realmente propedéutico. No hacía falta ser adivino ni realizar estudios prospectivos para tener desgraciadamente estas certezas.

Se empeñaron en mantener esa estructura y se negaron a implantar un bachillerato de tres años, imprescindible para superar la escabechina de la ESO, imprescindible para, tras recuperarse, realizar un Bachillerato digno de tal nombre. Se equivocaron al hacer la LOGSE y mantienen el error y no se enmiendan al hacer la LOE. Por algo son técnicos y no profesores de aula.

El caso es que cada curso los profesores constatamos más claramente la insuficiencia de este Bachillerato ridículo: por la duración de dos años, por el número de horas de algunas asignaturas (Lengua que agrupa lengua y literatura), por la preparación (falta de preparación) que traen los alumnos.

Ya sabíamos que iba a ser muy difícil que no se diera continuismo entre la ESO y el Bachillerato. Los alumnos no perciben la diferencia entre enseñanza obligatoria y no obligatoria (aunque el trabajo sea obligado en todas las etapas) y a los profesores nos resulta difícil convencer a los alumnos de la imperiosidad del cambio de actitud para conseguir los objetivos académicos. Al final, también los profesores "se acomodan" para poder sobrevivir.

En definitiva, entre la ESO y el Bachillerato se produce un salto en el vacío y los alumnos no tratan de acercar las dos orillas y superar las distancias entre los dos tramos. Muchos de ellos no sabían por qué estudiaban la ESO y, como la consecuencia más normal, se matriculan igualmente en Bachillerato porque sí y, por supuesto, dejando a un lado todos los "considerandos" de la evaluación y todos los consejos del equipo docente que le otorga el título de graduado en ESO.

En 1║ de Bachillerato todos los profesores realizan, más o menos, las siguientes operaciones para saber cómo están nuestros alumnos. Un cuestionario de cultura general y otro específico de nuestra asignatura, una redacción y el análisis de un texto (esquema de ideas y comentario) nos dan la talla académica del alumno. Evidentemente no puede ser distinta de la que tenía al finalizar la ESO, pero el profesor siempre espera que haya sufrido una metamorfosis durante el verano tras un ataque de curiosidad científica. Ya podemos realizar las mismas pruebas un poco más aquilatadas científicamente pero los resultados nos reclamarán de una u otra manera que el profesor se convierta en redentor.

En todo caso está claro que son nuestros alumnos, alumnos nuestros que en su mayoría han pasado por las aulas de nuestro Instituto. Esto supone que tendríamos que haber regenerarado a los alumnos en el periodo de la ESO, pero en las Memorias de final de curso está recogido también lo que nos ocurre en la práctica docente. Problemas en la Primera Etapa por falta de base y de interés; problemas en la Segunda Etapa porque aumentan las carencias (se acumulan) y son ya muchos los alumnos que tienen unas actitudes muy firmes de oposición al sistema.

En Bachillerato queda patente que el uso instrumental de la lengua para acceder a los conocimientos científicos es muy débil. Este ejercicio (comprensión y expresión) tiene que realizarse en todas las asignaturas y parece que, a pesar de las llamadas en los claustro y en la Comisión de Coordinación Pedagógica, todavía el conjunto del profesorado no hace lo suficiente. El alumno viene desarmado, sin dominar las técnicas de trabajo intelectual (TTI) y sin el dominio de la lectura comprensiva y no será porque el enfoque de los libros de texto de Lengua no insista en esta orientación práctica.

A cada profesor no le queda más remedio que completar las estrategias para reflotar a los alumnos que llegan al Bachillerato y para conseguir de la mejor manera posible los objetivos del Bachillerato.

El relato de los profesores

Los grupos de Bachillerato presentan similares características: Su rendimiento es muy bajo, tienen poco hábito de estudio y de lectura (curiosidad).

Pero durantes estos años del Bachillerato LOGSE hemos podido constatar lo siguiente: los alumnos de Letras saben mucho menos de letras que los de Ciencias. Pensaba uno que los de Letras podían al menos leer mejor y saber un poco de Lengua y de Literatura, pero no es así. La causa está clara: los de Ciencias son un poco más trabajadores, más atentos, más dedicados a su tarea y, en consecuencia, como Lengua y Literatura la han visto durante todos los cursos saben más de ella que de las asignaturas de ciencias y por su supuesto más que los de Letras. Desgraciadamente, tendría valor la afirmación de que el que vale estudia ciencias y el que no se va a letras (no hace falta referirnos a las excepciones). En consecuencia, con los de Letras hay que comprobar fundamentalmente: su nivel de lectura (mecánica y comprensiva) y su facilidad de redacción, incluso sus conocimientos de análisis gramatical.

Visto lo anterior, los dos primeros meses son como una puesta a punto de todos, sea la modalidad que sea, para poder iniciar la carrera del curso. Es decir, hay que perder dos meses para ganar algo en la capacitación de los alumnos. Sólo queda entregar materiales específicos a algunos alumnos para ver si de alguna manera se recuperan a lo largo del primer trimestre (ahora de cuatro meses). Los que más lo necesitan no suelen tomar conciencia de su situación.

En definitiva, con los mismos libros de texto se puede comprobar la falta de entrenamiento en lectura comprensiva: no son capaces a las puertas de la Universidad de entender las ideas expresadas en registro elaborado, de lengua formal o abstracta, con la terminología propia de cada ciencia. Lo mismo ocurre sin ir más lejos, por ejemplo, con los textos periodísticos. No hay más tiempo para más repescas. Al menos hemos tratado de tranquilizar la conciencia. Pero el programa es el programa y es preciso seguir adelante para cumplir con el temario que nos viene dado por la Universidad y ahí ya entramos en una actuación mecánica de plazos y contenidos. Acaba el profesor consolándose porque tampoco la selectividad exige demostrar tanto; por ejemplo en Literatura donde se pregunta a los alumnos aquello que se formulaba antes en un examen de EGB, v.gr., "La Generación del 98 y sus autores". Para este viaje no necesitábamos alforjas. La inutilidad de este Bachillerato es manifiesta, aunque tal vez por esto mismo valga con la ridiculez con dos años. Pero así está la cosa.